Acondicionamiento del Tabaco


Cada paso en la elaboración de un Habano demanda habilidades de primer orden, pero en ningún lugar más que en la mesa del torcedor o tabaquero.

El podrá torcer ciento veinte Habanos diarios, perfectamente calibrados, cuyas especificaciones de lardo y grueso estarán predeterminadas y sujetas a tolerancias mínimas.

Gracias a la destreza de sus sensibles dedos.

La búsqueda por la perfección no se detiene. Manos expertas colocarán los cigarrillos en armonía cromática dentro de sus cajas, las que se adornarán con hermosas decoraciones.

Para algunos esto pudiera parecer una pérdida de tiempo en algo que se desvanecerá en una nube de humo. Para los amantes del tabaco, los Habanos se comparan con obras de arte.

 

Tripas y capotes
A su llegada de Vuelta Abajo los tercios o pacas se zafan.
Cada una de las cinco hojas se procesa de forma diferente antes de trasladarse a la Galera o taller de enrollado.

Estas hojas no requieren humectacón. El añejamiento de cada uno de los cuatro tipos de hojas demanda diferentes períodos de tiempo. El ligero, que son las hojas de mayor fortaleza, se añeja por dos años o más, mientras que el volado y el Capote pueden considerarse listos después de doce meses.


La liga o departamento de mezcla se conoce como La Barajita ya que esta operación es similar a barajear cartas.

El maestro tabaquero monitorea el progreso de cada tipo de hoja.
Solamente cuando alcanzan la perfección es que se admiten en el departamneto de ligas. Una seguridad intensa rodea este lugar, ya que es aquí donde se guardan las recetas sagradas de cada una de las marcas de Habanos.
Las hojas, una vez mezcladas, se entregan a los torcedores en cantidades suficientes para hacer 50 cigarros.

Capas

La delicadeza de las mismas, requiere de cuidados extremos para poder restaurarles su flexibilidad y sedosidad antes de someterlas a la escogida y clasificación. Lo anterior se logra mediante una moja especial que se efectúa en las primeras horas de la mañana.
El exeso de agua se sacude de las hojas y estas se cuelgan un día para otro para que la humedad empareje.
Al día siguiente, las expertas manos de las despalilladoras retiran completamente la vena central dividiendo las hojas en dos.
Posteriormente las rezagadoras o clasificadoras, seleccionan las hojas y las clasifican por tamaño, color y textura para trasladarlas a la Galera.


Rezagadora clasificando las hojas sobre sus piernas, lo que quizás ha originado el mito de que los habanos se hacen sobre los muslos de las doncellas cubanas.