|

Cada paso en la elaboración de un Habano demanda habilidades
de primer orden, pero en ningún lugar más que en la
mesa del torcedor o tabaquero.

El podrá
torcer ciento veinte Habanos diarios, perfectamente calibrados,
cuyas especificaciones de lardo y grueso estarán predeterminadas
y sujetas a tolerancias mínimas.

Gracias a la
destreza de sus sensibles dedos.
La búsqueda
por la perfección no se detiene. Manos expertas colocarán
los cigarrillos en armonía cromática dentro de sus
cajas, las que se adornarán con hermosas decoraciones.
Para algunos
esto pudiera parecer una pérdida de tiempo en algo que se
desvanecerá en una nube de humo. Para los amantes del tabaco,
los Habanos se comparan con obras de arte.
|